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El producto interno bruto aumentó un 10,1 por
ciento en el segundo trimestre, por debajo del 11,9 por ciento
correspondiente al conjunto del 2007.
Ese sigue siendo el tipo de crecimiento con que
economías como la de Estados Unidos solo pueden soñar. Mas el
acontecer internacional puede ser peligroso para un país que debe
crear millones de empleos con tal de que la gente no proteste en la
Plaza Tiananmen. Un examen cuidadoso de las cifras del PIB de China
puede sugerir que se avecinan tiempos difíciles.
Los observadores, en general, han dado
interpretaciones equilibradas de las cosas.
"La desaceleración mundial ha reducido la demanda externa, y la
apreciación más rápida del yuan, el aumento de los salarios y el
encarecimiento de la materia prima, han socavado la competitividad
de las exportaciones chinas", dice Jing Ulrich, presidenta de
JPMorgan Chase & Co. para acciones chinas en Hong Kong.
Añade Glenn Maguire, economista de Société Générale SA para la zona
Asia-Pacífico, desde su despacho en Hong Kong: "La moderación del
crecimiento económico, en vez de una inflación desbocada, ha surgido
como la inquietud más apremiante de los dirigentes políticos de
China".
El panorama parece algo más sombrío cuando uno examina las cosas con
un poco más de detenimiento. Dado el peligro de un recalentamiento
de la segunda economía del Asia, un crecimiento más moderado es
precisamente lo que China quiere.
Solo que las fuerzas que están desportillando el PIB no son
internas, como el aumento de las tasas de interés y las medidas
burocráticas, sino externas. La noticia de que los precios al
consumidor aumentaron en junio un 7,1 por ciento, menos que el 7,7
por ciento correspondiente a mayo y el 8,7 por ciento -lo máximo en
12 años- de febrero, será acogida con beneplácito por las
autoridades en Pekín.
Si bien en China los precios al consumidor van en la dirección
correcta, las tasas de interés reales están próximas a cero. Con su
inflación anual cercana a la tasa de interés referencial fijada por
el banco central, China tendrá que ingeniárselas mucho para
estabilizar el crecimiento sin estimular los aumentos de precios.
El temor de economistas como Stephen Green, director de
investigaciones sobre China en Standard Chartered en Shanghai, es
que el banco central tenga que aumentar la liquidez, lo que
alentaría la actividad prestamista.
"Probablemente veríamos un rápido aumento de los préstamos y una
veloz reflación de los mercados de activos, incluso el de la
vivienda", dice Green.
Las inquietudes en cuanto a las exportaciones casi seguramente
moderen las alzas del yuan frente al dólar.
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