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Ha
pasado un año desde el comienzo de la llamada crisis
de las hipotecas. ¿Cómo ve la evolución de las
cosas?
Pienso que el sector financiero en los Estados
Unidos necesita con urgencia una mayor
consolidación, lo cual quiere decir que vienen más
traumas. A lo largo de la década pasada, los
servicios financieros, incluyendo a los
estrambóticos instrumentos que dieron origen a la
crisis, pasaron del 3,5 al 7 por ciento del PIB
norteamericano. Pero como ahora parece que esas
áreas de negocio desaparecerán por un buen tiempo,
no veo como esto pueda terminar hasta que una o dos
instituciones financieras muy grandes cierren sus
puertas.
¿Tiene una predicción sobre cuánto tiempo falta?
Creo que las cosas se pondrán peor antes de que
comiencen a mejorar. Los Estados Unidos, hasta
ahora, han experimentado tan solo una desaceleración
suave, pero las cosas probablemente estarán más mal
este semestre.
Basado en las investigaciones que he hecho sobre las
crisis financieras en los países industrializados,
creo que la lentitud será la norma por lo menos en
los próximos 12 meses. Comparada con otras crisis
ocurridas desde el final de la Segunda Guerra
Mundial, como por ejemplo la llamada 'década
perdida' del Japón, la estadounidense parece ser una
de las más difíciles. En contraste con las
recesiones típicas, las desaceleraciones asociadas a
crisis financieras duran, normalmente, entre 12 y 18
meses.
¿Cómo califica la respuesta de las autoridades
económicas?
El Banco Central Europeo es el que mejor se ha
desempeñado hasta ahora. Ellos decidieron
correctamente que la mejor manera de reducir el
riesgo de corridas bancarias era ofrecer préstamos
de corto plazo de fácil acceso al sector financiero,
con el fin de asegurarle al público que había la
liquidez suficiente en el sistema. Al mismo tiempo,
han tenido el cuidado de no recortar tasas de
interés y generar inflación.
El Banco de la Reserva Federal estadounidense, por
su parte, ha sido algo torpe. Recortó los intereses
demasiado y muy rápido y cavó un agujero muy
profundo. Al final de cuentas, lo que se ve es que
los recortes de intereses no ayudaron mucho a
enfrentar la crisis financiera. Lo que ha funcionado
son las operaciones de salvamento de los bancos de
inversión y de grandes firmas hipotecarias, algo
similar a lo que Europa hizo desde un comienzo.
La inflación es ahora uno de los problemas
fundamentales ¿Qué opina?
Es un asunto complicado. La principal fuente de la
inflación hoy en día es el aumento en los precios de
las materias primas, la comida y los combustibles.
Buena parte de esto ha pasado porque el crecimiento
mundial ha sido tan fuerte en los últimos seis años,
que estamos encontrando limitaciones temporales a la
oferta de esos productos. Esos cuellos de botella,
tienen más que ver con la desaceleración mundial que
la crisis financiera.
Desafortunadamente, los Estados Unidos y China han
tratado de detener lo inevitable a través de
políticas macroeconómicas hiper agresivas,
incluyendo tasas de interés extremadamente bajas y
todo tipo de estímulos fiscales. Esas políticas son
contraproducentes, pues si hay exceso de demanda por
productos básicos, el problema mundial no se arregla
estimulando más la demanda.
En países como Colombia, el Banco Central ha subido
las tasas de interés. ¿Considera esa política
correcta?
Absolutamente. Con Estados Unidos y China
comportándose irresponsablemente, los países de
menor tamaño necesitan protegerse de la inflación
global que se está cocinando y que ya está dos
puntos porcentuales por encima de la del año pasado.
Los bancos centrales que no se han mantenido
vigilantes sobre las alzas en la tasa de interés
están encontrando enormes problemas para controlar
los efectos secundarios sobre los salarios y los
precios, producidos por los aumentos en los
productos básicos.
Chile, por ejemplo, trató de evitar subir los
intereses demasiado rápido para no afectar su tasa
de cambio y ahora su situación se está saliendo de
control a pesar de los altos niveles del cobre que
exporta. India, a su vez, vio aumentar su inflación
a niveles de dos dígitos y ahora ha subido los
intereses dramáticamente para volverla a tener bajo
control.
¿Qué otros elementos destaca?
No creo que la política fiscal contribuya en gran
medida al problema inflacionario de Colombia, como
tampoco el déficit en cuenta corriente. Sin embargo,
si el enfriamiento global que preveo tiene lugar, la
política fiscal podría ser más estrecha, con el fin
de evitar un alza en las tasas de interés,
especialmente si los inversionistas se ponen
nerviosos por el nivel de la deuda latinoamericana.
Pienso que en todo caso, Colombia se aproxima a esa
situación desde una posición fuerte, habiendo
disfrutado de un largo periodo de fuerte
crecimiento. Pero no hay que sorprenderse si países
como Argentina y Venezuela experimentan enormes
problemas, en caso de que la economía mundial se
debilite y los precios de las materias primas caen.
La tasa de cambio es también un dolor de cabeza...
Hay que tener en cuenta que la apreciación de la
moneda colombiana ha sido mucho mayor frente al
dólar que frente al euro, en donde el movimiento ha
sido mínimo. También que desde el 2002 el dólar ha
caído en promedio cerca de 30 por ciento en términos
reales, contra las diversas monedas. De manera que
hay una debilidad crónica del dólar, junto a una
fortaleza del peso.
¿Cómo ve a Colombia?
Para Rogoff, la economía colombiana está en un buen
momento, pero no puede bajar la guardia. "Me
impresionó el gran optimismo en las comunidades de
negocios y financiera, lo cual me permite afirmar
que Colombia se está moviendo. A pesar de ello, el
país va a sentir las consecuencias de la
desaceleración global.
Suponiendo que el crecimiento mundial caiga a 3,5
por ciento o menos, como espero, no creo que a la
economía colombiana le vaya mucho mejor. Pero esta
es una baja temporal frente a la cual no se puede
sobre reaccionar. Ciertamente, este sería el momento
equivocado para poner en riesgo los fuertes avances
que ha hecho Colombia en su lucha contra la
inflación". |